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  Ni correcto ni incorrecto. Eficiencia, calidad y mediocridad

Acostumbrados a hacer ejercicio según las directrices del fitness, la mayoría de nosotros venimos de serie con una creencia que limita nuestra forma de movernos y nos hace malinterpretar el propio movimiento: catalogar un ejercicio, un patrón o un gesto como correcto o incorrecto.

Para empezar a salir del cascarón de las fit-normas siempre propongo lo mismo: observar cómo se mueve cualquier ser vivo, mejor cuanto más superior, joven (evolutivamente hablando), como los mamíferos, semejante a nosotros (simios y primates) o incluso humano “no civilizado”.

Cualquiera de ellos no sabe nada de estudios científicos, preparación física, revistas con cuerpos 10, normas o gimnasios. Y han sobrevivido y se mueven con absoluta libertad y espontaneidad sin pensar en en esas calificaciones, la mayoría mejor que nosotros.

¿Qué está pasando?

Lo hemos visto al principio. Nuestro movimiento ya no es natural, más bien intencionado, lo que provoca, entre otras cosas, que hayamos perdido conciencia, intuición e inteligencia corporal. En definitiva, no sabemos movernos y alguien nos tiene que decir cómo hacerlo. De ahí las normas y las clasificaciones.

El problema radica en que la industria del fitness y la expertología académica que dictamina cómo movernos, cuando piensan en ejercicio físico lo hacen envolviéndolo de una atmósfera condicionante: la repetición intensa y el rendimiento.

Y, claro, si vas a repetir algo de manera intensa y tu meta es rendir cada vez más porque además pretendes lograr unos objetivos determinados para unos gestos o cualidades en concreto, lo que quieres es que esos gestos (ejercicios) escogidos sean lo menos arriesgados posible. Es lógico.

Aún así, muy a menudo, lo que tendría que cuestionarse no es el gesto en sí, sino cuánto se repite, incluso con la "mejor" de las técnicas.

A este problema se le añade otro: el riesgo de un ejercicio no depende únicamente del gesto en sí o de su reiteración, sino de un montón de variables que no se suelen tener en cuenta.

¿Quién lo realiza? ¿Es una persona entrenada específicamente para ese gesto? ¿Está fatigado o fresco? ¿Ha recorrido un camino progresivo o se expone por primera vez a ese estímulo? ¿Está adaptado a ese movimiento? ¿Qué intención tiene al realizarlo? ¿Comprende el movimiento? ¿Lo ha aprendido a conciencia o simplemente copia y obedece?

Podríamos hacer muchas preguntas en este sentido, añadir mucha verborrea.

Pero no hará falta.

La práctica de locomociones se carga de un plumazo todas estas limitaciones, porque son tremendamente difíciles de valorar durante una locomoción y porque en realidad te empujan, te obligan a darte cuenta más allá de la razón de que no hay movimientos correctos o incorrectos, sino más o menos arriesgados, más o menos eficientes, y, por encima de todo, más o menos accesibles, disponibles, posibles para UNA PERSONA EN CONCRETO EN UN MOMENTO DETERMINADO, es decir, para ti.

Observemos, de nuevo, a un par de animales que tenemos muy cerca, que conviven con nosotros y que además generalmente se mueven a cuatro patas, como haremos en este curso: perros y gatos.

¿Cómo podríamos medir, determinar si se mueven bien o mal cuando corren, saltan, se revuelcan, se caen, vuelven a levantarse? ¿Cuáles de esos patrones son buenos o malos? Analizándolos al detalle, ¿cómo saben ellos si los hacen correcta o incorrectamente?

Lo más probable es que, por un lado, ni tan solo se hagan estas preguntas (más que probable, es seguro).

Y por otro lado, ellos saben perfectamente qué pueden hacer y qué no pueden hacer o, incluso, lo valoran sobre la marcha, experimental e intuitivamente, sin el filtro racional (porque no lo tienen). Es algo que ocurre sin tener intención de que ocurra. En realidad, como la vida misma (esto es algo que choca mucho con nuestra cultura de la ilusión de control y comprensión de las cosas, algo que siempre construimos a posteriori, a toro pasado. Somos "muy listos" los humanos).

Por eso, cuando te vaya presentando diferentes patrones de locomoción, te invitaré a comprender desde las sensaciones y TU PROPIA experiencia, más que desde los razonamientos, cómo te estás moviendo, cuál es la eficiencia y el riesgo de cada uno de los patrones según tu forma de ejecutarlo, y qué necesidades motrices (fuerza, movilidad, control motor) requieres para que ese patrón sea accesible para ti, algo de lo que te darás cuenta tú solo/a.

Y al final, más allá de los principios que iré compartiendo contigo, que no normas, hagas de cada uno de los patrones algo propio, individual, personal.

Esto no va de que te muevas como yo diga.

Esto se trata de que lo comprendas, conozcas tus intenciones y termines siendo autónomo, ¿recuerdas?

CALIDAD Y MEDIOCRIDAD

En este proceso también vas a tener que enfrentarte a un hecho: al principio, cuando te expongas por primera vez a un patrón, a una secuencia o a una improvisación, desde un punto de vista visual y comparativo (porque, aunque no quieras, te vas a comparar conmigo y con los vídeos super chachis que habrás visto en Youtube), el resultado va a ser un churro como una casa.

Algo mediocre mediocre, mediocre al cuadrado, vamos.

¿Dónde está el problema?

Tampoco estamos acostumbrados a exponernos de esta manera. De hecho, nos han educado para especializarnos y enseñarles a los demás lo que se nos da muy bien, y para escondernos, avergonzados, cuando supuestamente podríamos llegar a hacer el rídículo. Claro, al final, a los mediocres, las personas absolutamente normales y sin ánimo de ser superestrellas, lo único que nos queda es encerrarnos en salas a sentarnos en máquinas y repetir gestos robóticos.

Eso se ha acabado.

Tú puedes moverte como te dé la gana.

Y cuando estás aprendiendo algo, obviamente, significa que no sabes hacer ese algo. Lo normal, entonces, es que no salga del todo "bien".

¡Cuidado! Como vivimos en una cultura binaria a menudo nos colocamos en el extremo opuesto, leemos algo así y entonces hacemos las cosas de cualquier manera y pensamos que eso está bien. Bueno, puede estarlo, por qué no, aunque esa no es la idea en este curso.

Mantener cierta calidad va a ser un requerimiento constante. Pero no en lo estético, lo visual o lo comparativo, sino en tu actitud y predisposición a la hora de moverte.

Si hablamos de conciencia, intención, eficiencia, etc., mi idea es que siguiendo los principios que iré compartiendo contigo tus movimientos cada vez sean más fluidos, armónicos no como objetivo, sino como consecuencia de seguir esos principios, de saber que estás moviéndote conscientemente, con intención y eficiencia, comprendiendo lo que estás haciendo.

Es decir, la mediocridad inevitable que experimentarás en cualquier proceso de aprendizaje no está reñida con hacer las cosas lo mejor posible con los recursos y condicionantes que tú tengas, personalmente. Con el tiempo, que salga "bonito" poco importa y, además, es algo que suele ocurrir espontáneamente y depende más de como tú lo sientas, y no de cómo se vea desde fuera.

Y así, de lo mediocre mediocre, lo mediocre al cuadrado, irás progresando a algo mejor, seguro, aunque solo sea mediocre y ya está –aquí todos somos mediocres, normalitos, y está bien así, aunque muchos intenten convencerte de lo contrario para que siempre estés insatisfecho, no lo olvides.