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  Ni gateos ni bailes. Ni natural ni cultural

Tirarse por el suelo y moverse de un lado a otro, utilizando las manos y los pies como puntos de apoyo.

Es natural. Y necesario –si quieres moverte.

En mayor o menor medida, todos lo hemos hecho alguna vez en nuestra vida al transitar de bebés-oruga a niños caminadores.

Y nuestros antepasados, durante cientos de miles de años hasta hace muy poco tiempo, han tenido que agacharse, arrastrarse, apoyarse en el suelo y moverse cerca de él para explorar, esconderse, acceder a grutas o pequeñas cabañas, recolectar, manipular, trabajar la tierra, recoger y cargar objetos, descansar, etc.

En este sentido, si uno está al tanto de lo que nos está pasando por no respetar cierta coherencia evolutiva, forzando una ruptura brusca entre cómo se ha movido el ser humano durante tanto tiempo y cómo (no) nos movemos nosotros, ya tendría suficiente justificación y motivación para gatear a menudo.

Es algo evidente. No son pocas las personas que, por ejemplo, se quejan de dolor y molestias en manos y muñecas por el simple hecho de apoyarlas en el suelo. La movilidad que requiere este tipo de acciones en todo el cuerpo, desde la cabeza hasta los pies, pasando especialmente por hombros, columna y caderas, es mucho mayor que la habitual, incluso comparada con prácticas de actividad física más convencionales. Y si hablamos de la coordinación implicada, pocas disciplinas pueden acercarse a sus requerimientos.

¿No te agachas, no gateas, no apoyas las manos en el suelo, no coordinas movimientos de brazos y piernas al mismo tiempo, no luchas contra la gravedad en una posición de desventaja respecto a cuando estás de pie? Pagas el precio de la discordancia evolutiva.

Úsalo o piérdelo, dicen.

Además, es cultural. Y posible.

A día de hoy, dadas las circunstancias y el nivel de desarrollo cultural de la humanidad, "locomocionarse" es una posibilidad de movimiento más que interesante, no solo por lo que conlleva desde un punto de vista "natural", como ya hemos visto, sino por todo lo que puede potenciar nuestras capacidades básicas –moverse por ahí abajo es muy exigente– y enriquecer nuestra actividad física en complejidad y diversidad, inteligencia corporal y capacidad de adaptación, una fuente de movimiento (y motivación) infinita. Nunca alcanzarás el techo de las locomociones, porque no lo tienen.

Si es una posibilidad más, ¿por qué no explorarla?

De hecho, la cultura humana del movimiento ha estado impregnada por el movimiento animal, cuadrúpedo desde los principios de la historia. Los bailes y las artes marciales, especialmente los más antiguos, imitan y se inspiran a menudo en patrones de movimiento "menos" humanos, "más" animales que consisten, de nuevo, en tirarse por el suelo, agacharse, gatear, reptar, arrastrarse, rodar, caminar en cuclillas de diferentes maneras y de forma secuenciada, coreografiada o improvisada.

¿Dónde está la diferencia entre lo natural y lo cultural? ¿Acaso la cultura no ha surgido de la naturaleza? ¿Cómo definirías la línea que separa lo que es natural para el ser humano de lo que no lo es?

Es más, si observamos bien y comprendemos ciertas leyes naturales (ahorro energético intuitivo), lo más natural para un habitante de una sociedad opulenta y acomodada es no moverse.

Entonces, o te mueves a propósito y con propósito, de manera artificial, o naturalmente no te mueves.

Habrá que desarrollar una propia cultura del movimiento.

Anti-natural.

¿O anti-cultural?